lunes, 31 de octubre de 2011

El vendedor de humo, el comprador de almas.

            FOTOGRAFIAS PARA LOS LUNES AL SOL


 

   


foto: Agustin Zorrilla

  
Lunes 31 de octubre de 2011, Día Mundial del Ahorro

   Me levanto a altas horas de la madrugada a yantar, beber, orinar, o tan solo a mirar por la ventana, y ahí esta apostado en la cristalera de la sucursal de ese banco "rojo" que hay frente a mi morada.
   Horas después suena el despertador, me incorporo, dejo la cama y antes de desayunar voy y levanto la persiana para que las primeras luces del día iluminen mi hogar; ¡sorpresa! ahí continua el tipo cual americano impasible que diría Graham Greene.
   Aproximadamente una hora más tarde en el momento en que salgo por la entrada del portal para ir a trabajar, ¡caramba! ahí sigue sin inmutarse, en el mismo lugar donde lo vi las dos veces anteriores.
   Tras una mañana de currelo vuelvo a casa para comer y mientras me acerco al acceso principal del edificio miro a mi izquierda ¿y? ¡caspitas! ahí prosigue el individuo.
   Más tarde, tras reposar el almuerzo, vuelvo a salir a mi labor diaria, y antes de llegar a la calle, ¡por fin!, no esta, pero cuando llego a la acera, levanto la cabeza y esquivo una furgoneta aparcada en frente, ¡miércoles! ahí esta de nuevo.
  Al fin regreso ya cansado de mi jornada laboral, buscando el descanso vespertino tras un agotador día; hoy no subiré por la escalera hasta el tercer piso, cogeré el ascensor; llevo esto en mi pensamiento cuando en ese preciso instante escucho el ruido de unos jóvenes vociferar en la puerta del comercio bursátil y como un resorte, como un imán, o la atracción de un objeto hacía la tierra, giro la cabeza y, ¡jopee!, ahí una vez más.
   Hora de acostarse, antes voy y cierro la persiana ¡ostias! ahí se mantiene por enésima vez  convertido en estatua de sal, como si de la  esposa de Lot se tratará. Y pegado al cristal de ese bloque de apartamentos construido a volumen pasado. ¡Pero si es él! sin su bólido granate, ahí sigue y prosigue de lunes a lunes como si fuera una  araña  intentando atraer y atrapar entre su tela a algún incauto con la intención de adueñarse del botín para su amo, y de su alma cual diablo de Fausto.
  

  



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